Domingo, 23 de diciembre de 2007
DERECHO SUCESORIO

PRINCIPIOS GENERALES
I. SUCESION
1.- CONCEPTO
La incorporaci?n de un derecho al patrimonio de una persona implica su adquisici?n. Esta adquisici?n puede obedecer a dos causas distintas: o bien el derecho nace en cabeza del adquirente o, por el contrario, la incorporaci?n deriva de un titular anterior en cuya cabeza el derecho preexisti?.
En el primero de los supuestos estamos en presencia de una adquisici?n a t?tulo originario, donde el derecho es objeto de un acto de creaci?n. No hay ninguna derivaci?n de la relaci?n, sino una constituci?n nueva de ella, la que aparejar? simult?neamente, por incompatibilidad, la extinci?n de una relaci?n anterior si hubiera existido. La caracter?stica de la adquisici?n a t?tulo originario est? dada por la ausencia de una relaci?n de hecho que vincule a dos sujetos (uno trasmitente y otro adquirente), ya que el nexo se opera en forma directa entre el sujeto adquirente y el derecho adquirido.
En la adquisici?n a t?tulo derivado el derecho es objeto de un acto de traspaso o trasmisi?n, oper?ndose el reemplazo de un sujeto por otro en la titularidad de la relaci?n jur?dica, la que permanece inalterada en sus elementos objetivos. Conviene remarcar dos caracter?sticas referentes a la precisi?n del concepto: la primera es la identidad y continuidad de los derechos, lo que permite diferenciarlo de Otras mutaciones subjetivas, tales corno la suplantaci?n o la comunicaci?n; la segunda es que la sucesi?n supone necesariamente y siempre, que la sustituci?n de titulares de la relaci?n jur?dica importa que el sucesor estar? en condiciones de ejercer el derecho en su propio nombre. Interesa advertir que esta derivaci?n de los derechos puede provenir de la voluntad del causante u originarse en una disposici?n del ordenamiento jur?dico. La venta y la sucesi?n intestada son ejemplos de una y otra de las posibilidades.
Los conceptos que dejamos apuntados son los que enuncia
Nuestro C?digo en el art. 3262: Las personas a las cuales se trasmitan los derechos de otras personas, de tal manera que en adelante puedan ejercerles en su propio nombre, se llaman sucesores. Ellas tienen ese car?cter, o por la ley, o por voluntad del individuo en cuyos derechos suceden.

2.- SUCESION ENTRE VIVOS Y ?MORTIS CAUSA?

La trasmisi?n de los derechos patrimoniales puede originarse en un acto jur?dico bilateral manifestado en un negocio v?lido, como por ejemplo una venta, una permuta o una donaci?n. Constituye esto la sucesi?n entre vivos.
M?s caracter?sticamente, la sucesi?n se califica como mortis causa cuando tiene como presupuesto necesario y determinante la muerte del sujeto a quien se habr? de suceder, al cual se lo denomina el?pticamente de cujus (de cujus successione agitur.

Debe observarse que al erigirse la muerte en el hecho fundamental de la trasmisi?n, ella marca no solamente el momento cronol?gico determinante de la apertura de la sucesi?n, sino el hecho jur?dico al cual est? vinculada.

3.- SUCESION A TITULO PARTICULAR Y SUCESION A TITULO UNIVERSAL

La extensi?n del objeto determina que la sucesi?n pueda ser particular o universal.
Cuando la trasmisi?n comprende uno o varios derechos se denomina sucesi?n particular o a t?tulo particular. Es lo que expresa el ?ltimo per?odo del art. 3263: Sucesor singular es aquel al cual se trasmite un objeto particular que sale de los bienes de otra persona. Pero es de advertir que no debe tratarse necesariamente de la trasmisi?n de un objeto corporal con el alcance que le asigna el art. 231 1, sino que la definici?n comprende tambi?n los bienes inmateriales que mienta el art. 2312. El rasgo distintivo de la sucesi?n a titulo particular est? dado por el uti singulis.

En cambio, cuando la trasmisi?n comprende la totalidad de los derechos contenidos en un patrimonio o en una parte al?cuota de ?ste, estamos en presencia de la sucesi?n universal o a titulo universal. Es la que caracteriza el art. 3281 al expresar: La sucesi?n a titulo universal es la que tiene por objeto un todo ideal, sin consideraci?n a su contenido especial, ni a los objetos de esos derechos. El concepto sentado por la norma es una reiteraci?n de lo establecido por la primera parte del art. 3263, donde se dice: El sucesor universal, es aquel a quien pasa todo, o una parte al?cuota del patrimonio de otra persona. Si es necesario remarcar el concepto buscando su claridad, baste para ello recordar la afirmaci?n formulada por V?lez en la nota al art. 3281, donde escribi? que la sucesi?n universal puede tambi?n no abrazar la totalidad, sino una porci?n determinada de los bienes, porque esta porci?n tiene por base necesaria el conjunto total, como la fracci?n a la unidad.
Como se ve, la nota esencial que caracteriza al sucesor universal es la recepci?n del todo o de la parte al?cuota del patrimonio. Con referencia a lo primero no se presenta dificultad alguna; sin embargo, ellas aparecen y con gravedad cuando entra a jugar la segunda de las posibilidades. A ello haremos referencia cuando analicemos la caracterizaci?n del legatario de cuota.

4.- LOS ELEMENTOS DE LA SUCESION ?MORTIS CAUSA?

La sucesi?n mortis causa, ya sea universal o a t?tulo particular, se opera por la concurrencia de tres elementos:
a) la apertura de la sucesi?n; b ) la vocaci?n del sucesor; y c) la aceptaci?n.
No existe en nuestro derecho la sucesi?n sin que se opere por parte del sucesor un acto voluntario de aceptaci?n, y s?lo despu?s de ese acto de adici?n se producir? la trasmisi?n efectiva; hasta que ello ocurra habr? tan s?lo un llamado al sucesible.
Pero para que el acto de aceptaci?n tenga eficacia es menester que el llamamiento se haya producido, puesto que las herencias futuras no pueden aceptarse ni repudiarse, y si el sucesor presuntivo hubiera aceptado o repudiado la sucesi?n de una persona viva podr?, sin embargo, aceptarla o repudiarla despu?s de la muerte de esa persona (arts. 331 1 y 3312). La apertura de la sucesi?n coincide con la muerte de una persona o con la declaraci?n de su ausencia con presunci?n de fallecimiento.

5. FUNDAMENTOS DEL DERECHO SUCESORIO:

Como se ha se?alado, los fundamentos del derecho sucesorio corresponden al campo de la filosof?a jur?dica. Hemos de limitarnos, por tanto, a la simple enumeraci?n de las respuestas que se han ensayado para justificar la trasmisi?n hereditaria.
a) Teor?a del derecho natural. Como todo criterio fundado en esa premisa, presenta los inconvenientes que derivan de la dificultad de definir ese derecho natural y cae, por tanto, en las consabidas imprecisiones y vaguedades.
b) Teor?a biol?gica. Para ella la sucesi?n no es m?s que una consecuencia de seguir el orden natural o biol?gico, atendiendo a que la muerte implica la continuidad del individuo a trav?s de sus descendientes. Las normas sucesorias deben obedecer, por ende, a esa ley fisiol?gica. Como se advierte, la explicaci?n no basta. pues no alcanza a satisfacer el fundamento de la trasmisi?n a los ascendientes o a los parientes lejanos.
c) Teor?a del afecto presunto del causante. Finca su punto de partida en la prevalecencia de la voluntad del difunto, expresada en su testamento. Si el causante no lo ha redactado, la ley debe organizar un sistema que responda a la presunci?n de cu?l hubiera sido su voluntad. De tal manera que el sujeto puede omitir la expresi?n de sus deseos, sabiendo de antemano que la ley ha de interpretar su silencio. No obstante que radica en un principio exacto y es una de las mis difundidas, se resiente de parcialidad en el exagerado respito que otorga a la voluntad individual. Es dable observar que ?sta se halla restringida por el legislador cuando debe atender a principios superiores; tal, por ejemplo, cuando regula el sistema legitimario.
d) Teor?a de la copropiedad familiar. Contrariamente a la teor?a anterior, ?sta rechaza la voluntad del autor, ya que el derecho del heredero derivar?a de su copropiedad sobre el patrimonio que pertenecer?a a toda la familia. Tambi?n aqu? se observan las limitaciones, dado que esta teor?a resultar?a insuficiente para justificar el llamado de los herederos lejanos.
e) Teor?a utilitaria. Sus partidarios sostienen que el sistema sucesorio debe organizarlo el Estado fund?ndose exclusivamente en principios econ?micos y pol?ticos, que respondan a la forma de organizaci?n del gobierno. Como las anteriores, ?sta peca de incompleta al atender s?lo a una de las fases de la cuesti?n, que no es, indudablemente, la ?nica.
f ) Teor?as negatorias. Parece obvio marcar que todas las teor?as anteriores reconocen, como premisa necesaria, la existencia del derecho de propiedad. Para la tesis socialista, al carecer de fundamento el dominio privado, no tiene ninguna validez el reconocimiento del derecho sucesorio. Como se advierte, todas las teor?as que hemos enunciado se resienten de parciales al centrar su bondad en uno solo de los aspectos del problema y resultan insuficientes para explicarlo en su integridad. Y acaso no resulte descaminado sostener que en casi todas ellas puede encontrarse, en definitiva, una raz?n valedera, y que la explicaci?n total resulte de la s?ntesis, ya que si bien es cierto que la voluntad del causante tiene un papel importante, ella est? constre?ida por razones de orden social y ?tico que son las que impulsan al legislador para condicionarla. Ello, sin olvidar trascendentes motivaciones pol?tico-econ?micas relativas al movimiento de los bienes y al resguardo de la organizaci?n democr?tica del Estado.
6. DISTISTAS CLASES DE SUCESI?N ?MORTIS CAUSA? LEG?TIMA,

TESTAMENTARIA Y CONTRACTUAL.
La naturaleza de la fuente del llamamiento puede determinar distintas clases de sucesiones, ya sea que el t?tulo creador de la vocaci?n reconozca su origen en las disposiciones legales o bien en la voluntad del causante. Conceptualmente corresponde entonces distinguir, en primer t?rmino, la sucesi?n legitima de la voluntaria. A su vez, dentro de esta ?ltima categor?a puede admitirse una subdivisi?n motivada en la formulaci?n de la voluntad, puesto que ella puede manifestarse unilateralmente mediante el acto jur?dico del testamento o en forma bilateral por el concurso de dos o m?s voluntades reguladas contractualmente. M?s adelante ha de verse que la posibilidad .voluntaria contractual ha sido desechada, en t?rminos generales, por el sistema argentino, no admitiendo la validez de los pactos sucesorios.
Conviene observar que nuestro derecho, respondiendo a la tendencia imperante en los ordenamientos modernos, permite la coexistencia de la fuente legal y la testamentaria, apart?ndose as? de la soluci?n del sistema romano que no admit?a la compatibilidad de la sucesi?n testamentaria conjuntamente con la ab-intestato): que se manifestaba en el conocido aforismo nemo pro parte testatus pro parte intestatus decedere potest.

En s?ntesis, junto al hecho jur?dico de la muerte puede operar en forma conjunta o consecutiva el acto jur?dico unilateral del testamento, y seg?n el uno o el otro, o ambos a la vez, la sucesi?n se presentar? como legitima, testamentaria o mixta.
Esta caracterizaci?n es la que recoge la primera parte del art. 3279 al expresar:
La sucesi?n es la trasmisi?n de los derechos activos y pasivos que componen la herencia de una persona muerta, a la persona que sobrevive, a la cual la ley o el testador llama para recibirla. El concepto es completado por el art. 3280, donde se establece: La sucesi?n se llama leg?tima cuando s?lo es deferida por la ley, y testamentaria cuando lo es por voluntad del hombre manifestada en testamento v?lido. Puede tambi?n deferirse la herencia de una misma persona, por voluntad del hombre en una parte, y en otra por disposici?n de la ley.

En cuanto al modo de operar conjunto o consecutivo de ambas fuentes merece recordarse la observaci?n de R?bora, quien precis? que entre la funci?n de la voluntad y la funci?n de la ley ha de haber una adecuaci?n que puede ser consecutiva, como tambi?n simult?neo-consecutiva. La adecuaci?n consecutiva se atiene, en primer t?rmino, a la voluntad del causante manifestada en un acto de ?ltima voluntad al cual se le reconoce una eficiencia superior a otros intereses, limit?ndose la ley a asignarse a s? misma una funci?n supletoria que cobrar? eficacia cuando falte el testamento. En cambio, la adecuaci?n simult?neo-consecutiva, que caracteriza a nuestro sistema, contempla como primordial el derecho de ciertos herederos, de tal manera que ?nicamente cuando ?stos faltan se extiende la eficiencia del testamento y se atribuye a la Ley, por ?ltimo, una funci?n supletoria similar a la de la primera adecuaci?n. O dicho de otra forma, nuestro ordenamiento positivo establece como predominante la funci?n de la ley cuando existen herederos de llamamiento forzoso, y frente a ellos limita la posibilidad-testamentaria, que s?lo se expande en su ausencia.
7. PACTOS SOBRE HERENCIA FUTURA ADMITIDOS EN EL DERECHO EXTRANJERO Y ARGENTINO.
Hemos dicho que la sucesi?n puede obedecer a una fuente voluntaria contractual, en funci?n de una manifestaci?n de voluntad bilateral. Constituye ello el pacto sucesorio, al que se lo ha definido como la convenci?n mediante la cual el causante organiza su sucesi?n de acuerdo con otros interesados, o ?stos, estipulando entre s? en vida del causante, trasfieren o abdican sus derechos. Perfilando m?s estrechamente los conceptos, sostiene Guastavino que pacto sucesorio es el contrato cuyo objeto es el todo o la parte de una herencia futura y cuyo contenido concierne a su organizaci?n o a un aspecto de esa organizaci?n, por referir a disposici?n n transferencia de derechos sucesorios eventuales o por referir a reglas de distribuci?n de la herencia o a otras cuestiones sucesorias.
Con lo surge de las definiciones dadas, concurren para la existencia del pacto tres condiciones. La primera es que se celebre en previsi?n de una herencia futura, es decir, todav?a no abierta. La segunda es que el objeto del contrato forme parte de esa sucesi?n, no siendo necesario que est? referido a toda ella o una parte al?cuota, bastando que se aplique a una cosa determinada, a una res singularis de la herencia. Y como tercera, que el pacto se celebre en m?rito a un derecho hereditario, y no a t?tulo de cr?dito u otra clase. Convendr? advertir que la denominaci?n abarca distintas figuras. En primer lugar, el pacto institutivo, esto es, aquel por el cual se dispone de la propia herencia para despu?s de la muerte. En segundo lugar, el pacto renunciativo, mediante el cual se renuncia a una herencia en vida del causante. Por ?ltimo, el pacto dispositivo, por el cual el sucesible dispone de la herencia abierta en favor de un tercero. Como se observa, en los dos primeros la estipulaci?n se anuda entre el de cujus y el sucesible, mientras que en el ?ltimo el contrato vincula a ?ste con cualquier extra?o. La instituci?n del pacto sucesorio no ha contado con las simpat?as del legislador, y la prohibici?n de tales convenciones se remonta al derecho romano, que incorpor? una minuciosa casu?stica al Digesto y al C?digo. Los motivos que han impulsado a prohibir la vocaci?n contractual en los tiempos cl?sicos obedecen a un doble orden de razones: se ha aducido, en primer t?rmino, que tales convenciones resultan contrarias a las buenas costumbres e indecentes, ya que giran en torno de una especulaci?n sobre la muerte y la ventaja queda subordinada a la proximidad del deceso, lo que provocar?a el deseo de ese evento, es decir, el votum mortis; en segundo lugar se esgrime la defensa de la libertad de testar, que quedar?a, de esa forma, menoscabada al restringirse al causante la facultad de disponer por medio del testamento. Mas modernamente se han agregado otras consideraciones, tales como la que dichos pactos resultan perjudiciales y lesivos, dado que ordinariamente, por las circunstancias en que se celebran, se aceptar, convenciones que se traducen en una despiadada usura, arguy?ndose adem?s que la prohibici?n tiende a impedir que se altere la igualdad entre los Herederos forzosos mediante convenciones que burlen el principio democr?tico de la divisi?n igualitaria entre los sucesores. No obstante el viejo linaje y el predicamento de la tesis prohibitiva, no pocas argumentaciones doctrinales en los tiempos modernos han se?alado la insuficiencia de sus razones, y esta corriente permisiva se ve robustecida por el acogimiento que al pacto sobre herencia futura han brindado ordenamientos de tanto prestigio corno el C?digo Civil alem?n y el suizo. Sin embargo, la tendencia imperante en los c?digos es la prohibitiva, y a los citados por V?lez en la nota al, art. 1175 (franc?s, holand?s y napolitano) deben agregarse los dictados con posterioridad, tales como el chileno, el uruguayo, el peruano, el brasile?o y el italiano.
El C?digo Civil argentino, siguiendo los modelos romano y franc?s, ha consagrado el r?gimen prohibitivo en virtud de una serie minuciosa de disposiciones, cuyo eje es el art. 1175: donde se establece: No puede ser objeto de un contrato la herencia futura, aunque se celebre con el consentimiento de la persona de cuya sucesi?n se trate; ni los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares. Concordantemente, no se permite la transacci?n sobre los derechos eventuales a una sucesi?n ni sobre la sucesi?n de una persona viva (art. 848), ni se admite la cesi?n de las esperanzas de sucesi?n (art. 1449). A su vez, en el art. 3311 se dispone que las herencias futuras no pueden aceptarse ni repudiarse, debi?ndose formular la opci?n ?nicamente despu?s de la apertura, agreg?ndose en el art. 3312 que el heredero presuntivo que hubiera aceptado la sucesi?n de una persona viva, podr? sin embargo aceptarla o repudiarla despu?s de la muerte de esa persona.

Pero no obstante este categ?rico rechazo, que en principio el legislador adopt? y que cuid? de regular minuciosamente, es dable encontrar en nuestro ordenamiento posibilidades de pacto sobre herencia futura, ya sea porque las figuras soslayan los l?mites prohibidos, ya sea en m?rito a autorizaciones especiales de !a ley que derogan la norma gen?rica. Como bien se ha observado, estas ?ltimas son las excepciones genuinas a la prohibici?n.
Una clara derogaci?n se evidencia en la partici?n por donaci?n del ascendiente respecto a sus descendientes, regulada en los arts. 3514 a 3538. All? se permite una convenci?n previendo una sucesi?n que no se ha abierto todav?a, cuyo objeto versa sobre esa futura sucesi?n y que se condiciona a un derecho presuntivo.
Otra posibilidad derogatoria aparece en la ?ltima parte del art. 1805, que determina la imputaci?n de las liberalidades realizadas por los padres en favor de sus hijos, entendi?ndose que deben comprenderse como un adelanto de la leg?tima. De la misma manera y tambi?n tipificando la figura de un pacto sobre herencia futura, aparece la posibilidad de que ciertas enajenaciones realizadas por el causante en favor de sus herederos forzosos cedan en la presunci?n que se establece de su gratuidad, permitiendo que los dem?s legitimarios reconozcan el car?cter oneroso de ellas (art. 3604).
Por ?ltimo, y aunque no en forma tan definida, puede darse, seg?n las circunstancias, la posibilidad de pactos sobre herencia futura en las normas contractuales que en las sociedades regulan la eventualidad del deceso de uno de los socios durante la vigencia de la sociedad.
Conviene advertir, finalmente, que la ley 17.711, al modificar el art. 1217 del C?digo, derog? la posibilidad del pacto institutivo que configuraba ?ste cuando en su inc. 4 autorizaba, como convenci?n prenupcial, las donaciones que los esposos se hicieran de los bienes que dejaren por su fallecimiento.

7.1.- SUPUESTOS DISCUTIDOS:

No es pac?fica la doctrina en cuanto a las proyecciones de la prohibici?n sobre distintas figuras. Interesa, por tanto, examinar algunos de los supuestos de mayor significaci?n.
a) Obligaciones cuyo pago se subordina a la muerte.
Es preciso establecer distinciones. Si la obligaci?n consiste en un mutuo en el cual el deudor se obliga a devolver con lo que reciba de la herencia, estaremos frente a un pacto sucesorio alcanzado por la prohibici?n, ya que en definitiva se ha pactado la trasmisi?n actual de un beneficio patrimonial que se obtendr? de una sucesi?n a?n no abierta. Pero en cambio, como lo se?alan Baudry y Barde, no se debe ver un pacto sobre sucesi?n futura en la convenci?n por la cual la exigibilidad de una deuda es postergada hasta la muerte de una tercera persona, de la que el deudor es heredero presunto. Ello as?, al menos, si el deudor debe, despu?s de la muerte de esa persona, permanecer obligado en todos los casos, aun cuando no heredase o no recibiese nada en esa sucesi?n.
b) Testamento otorgado en cumplimiento de un pacto.
En sentido lato, es tambi?n un pacto de herencia futura el contrato por el cual uno de los estipulantes se obliga a instituir como heredero o legatario al otro. En cuanto al contrato en s?, no cabe ninguna duda de que cae bajo la sanci?n de nulidad, plante?ndose el interrogante sobre la suerte del testamento. Compartimos la opini?n que rechaza su validez, sea porque ?ste se ha otorgado como consecuencia de una convenci?n nula, sea porque no es el fruto de una voluntad genuinamente libre y espont?nea.
c) Mandato conferido para aceptar o repudiar una herencia futura.
Existen discrepancias sobre la validez del mandato conferido para ser ejercitado una vez que se efectivice el llamamiento a una sucesi?n a?n no abierta.
Para una posici?n, dicha posibilidad es v?lida, aduci?ndose que el mandato es esencialmente revocable permitiendo al mandante conservar la libertad de aceptar o repudiar la herencia, a su criterio, al serle deferida. A ello se agrega la conveniencia pr?ctica de su admisibilidad, en consideraci?n a los casos en que el sucesible debe alejarse del lugar donde habr? de producirse la apertura de la sucesi?n. Se observa, sin embargo, que si el mandato fuera irrevocable caer?a dentro de la prohibici?n.
La tesis contraria ha sido l?cidamente sostenida por M?ndez Costa. Para esta autora, el asunto puede considerarse desde tres aspectos: el concepto de pacto de herencia futura, sus condiciones de existencia, v clasificaci?n por el contenido. Con relaci?n al primero de ellos, afirma que la expresi?n objeto del contrato se identifica con contenido, y siendo objeto del mandato la aceptaci?n de la herencia, entra decididamente en la conceptualizaci?n del pacto sobre herencia futura. En cuanto a las condiciones de existencia, observa que se celebra en previsi?n de una sucesi?n no abierta y que el mandato se otorga en virtud de un derecho hereditario eventual. Por fin, concluye que es sencillo ubicarlo en alguna de las clasificaciones de los pactos sobre herencia futura.
A partir de esos tres puntos llega a una conclusi?n ?nica:
Recayendo el negocio jur?dico a celebrar por el mandatario sobre una herencia futura, queda incluido entre las figuras prohibidas por el art. 117.5 y sus correlativos.
Como se observa, la posici?n que se adopte en el tema repercute sobre otras cuestiones de importancia. As?, por ejemplo, la validez de la cl?usula para aceptar o repudiar herencias que se incorpora a mandatos comprensivos de otros negocios jur?dicos, que de admitirse permitir?a violar la veda legal por su generalidad al abarcar todas las herencias a?n no abiertas a las cuales el mandante pudiera ser llamado.

ARTICULO TOMADO DEL MANUAL DE DERECHO SUCESORIO DE JORGE MANUEL DE MAFFIA, TOMO I.

Tags: MATERIAL DE ESTUDIO

Publicado por ELMAGOAZ @ 5:36 PM  | DERECHO CIVIL
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Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 09 de febrero de 2010 | 2:16 AM
SUPER BUENISIMO EN INFORMACION QUE SE NECESITA
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 22 de diciembre de 2010 | 12:45 AM

muy bueno el material, seria mas completo si informan mas sobre donacion hecha por hijos de un causante propietario a