Jueves, 20 de diciembre de 2007
EL MATRIMONIO

? 1.? Nociones generales

44. CONCEPTO Y CARACTERES.? Seg?n la cl?sica definici?n de Portalis, el matrimonio es una sociedad del hombre y la mujer que se unen para perpetuar su especie, para ayudarse, para socorrerse mutuamente, para llevar el peso de la vida y compartir su com?n destino. M?s brevemente, es la uni?n del hombre y la mujer para el establecimiento de una plena comunidad de vida.

El matrimonio es la base necesaria de la familia leg?tima. Basta recordarlo para comprender su trascendencia en todo el Derecho de familia y m?s aun en toda la organizaci?n social. Por ello dec?a Cicer?n que el matrimonio es principium urbis et quasi seminarium rei publicae.

45.? Sus caracteres esenciales son los siguientes:

a) Implica una uni?n del hombre y la mujer, uni?n que se traduce en derechos y deberes rec?procos. Para fortalecerla, la ley procura una divisi?n de trabajo y de potestades, y en determinados casos, concede la decisi?n preponderante a uno de los esposos.

b) Es una uni?n permanente; este car?cter se manifiesta aun en los pa?ses que admiten la disoluci?n del v?nculo por mutuo consentimiento porque cuando dos personas se casan, lo hacen para toda la vida, con el sincero prop?sito de pasar juntos las alegr?as y los dolores que depare el destino, y aunque m?s tarde se divorcien y vuelvan a contraer nupcias, hay siempre en la instituci?n un ?ntimo y connatural sentido de permanencia.

c) Es monog?mica; aunque algunos pueblos conservan todav?a la poligamia, todos los pa?ses de civilizaci?n occidental y cristiana han adoptado el r?gimen de singularidad. Y no solamente no se concibe m?s que un solo v?nculo matrimonial, sino que los esposos no pueden tener comercio sexual con ora persona que no sea su c?nyuge. La fidelidad conyugal es uno de los pilares de la solidez y la dignidad de la instituci?n.

d) Es legal. No basta la simple uni?n del hombre y la mujer, aunque tenga permanencia, como en el caso del concubinato, o se hayan engendrado hijos; es preciso adem?s que se haya celebrado de acuerdo a la ley. S?lo as? queda bajo el amparo y la regulaci?n de ?sta. Es claro que la noci?n del matrimonio no se agota aqu?, pues, por encima de lo legal, est? su sustancia moral y religiosa. De ah? que las normas jur?dicas, religiosas y morales se disputen el dominio en esta materia y que, como lo observa De Ruggiero, una de las caracter?sticas m?s salientes de la historia de la instituci?n es la lucha mantenida entre la Iglesia y el Estado afirmando su derecho exclusivo a regularla. Hace ya muchos siglos dec?a Modestino: ?Matrimonio es la uni?n del marido y la mujer y la fusi?n de toda vida y comunicaci?n del derecho divino y humano? (Digesto, XXIII, 2, 1).

46. FINES.? Los fines normales del matrimonio son la satisfacci?n del amor, la mutua compa??a y asistencia, la procreaci?n y la educaci?n de los hijos. Decimos normales porque no siempre se procuran todos ellos; as?, por ejemplo, los matrimonios entre ancianos o in extremis no contemplan la procreaci?n.

Seg?n la doctrina can?nica, los fines del matrimonio son tres: 1) El principal o primario es la procreaci?n y la educaci?n de los hijos. 2) El secundario es la ayuda mutua: ?No es bueno que el hombre est? solo; hag?mosle una compa?era semejante a ?l? (G?nesis, II, 18). 3) El ?ltimo es el remedio a la concupiscencia: ?M?s vale casarse que ser devorado por las pasiones?.

47. ETIMOLOG?A.? Matrimonio deriva de matris, madre, y monium, cargo o gravamen, Llama la atenci?n esta etimolog?a, pues ser?a m?s l?gico que el nombre de la instituci?n derivara del padre, tanto m?s cuanto que la palabra matrimonium naci? precisamente cuando aqu?l era due?o y se?or (v?ase n? 9). Parece, sin embargo, que con ella se ha querido expresar que las cargas pesadas recaen sobre la madre. As? lo explican las partidas: Ca como quier que el padre los engendra, la madre sufre muy grand embargo con ellos, de mientras que los trae, e sufre muy grandes dolores cuando han de nascer; e despu?s que son nascidos, hay muy grand trabajo en criar a los fijos por s?.

En cambio, la palabra maridaje, muy poco usada en nuestro idioma, deriva de marido, lo mismo que la francesa mariage, la italiana maritaggio y la inglesa marriage.

El sin?nimo casamiento, deriva de casa, significando la idea de que los c?nyuges tienen casa com?n.
48. EVOLUCI?N HIST?RICA.? El matrimonio ha ido sufriendo a trav?s de los tiempos un largo proceso evolutivo hacia su perfeccionamiento y dignificaci?n.

La forma m?s b?rbara y m?s repugnante a la naturaleza de la uni?n permanente entre los individuos de diferentes sexos es la poliandria, o sea el v?nculo simult?neo de una mujer con varios hombres. S?lo muy pocos ejemplos se conocen. Mucho m?s extendida fue en cambio la poligamia, que supone la uni?n de un hombre con varias mujeres. Esta es, si duda alguna, mucho m?s compatible con la naturaleza que la anterior. Permite al hombre satisfacer sus apetitos sexuales durante el largo per?odo del embarazo, de lo que est? privado en el matrimonio monog?mico y puede as? seguir engendrando hijos; no tiene, adem?s, el inconveniente de la poliandria de hacer incierta la paternidad. Aun as?, esta instituci?n es una deplorable forma de barbarie. La poligamia disminuye la dignidad de la mujer, excita la concupiscencia del hombre, es fuente de interminables querellas en las familias, corrompe la moral. La misma naturaleza indica la necesidad de aceptar la uni?n monog?mica; por un misterio que no tiene otra explicaci?n que el designio divino, el n?mero de hombres y mujeres es casi igual. Las estad?sticas de todos los pueblos revelan apenas liger?simas diferencias en favor de uno u otro sexo. ?No es esto prueba de que cada hombre debe vivir con una mujer?

Todos los pueblos civilizados han adoptado la monogamia; s?lo se mantiene a?n la excepci?n de los musulmanes, pues la poligamia est? autorizada por el Cor?n. Aun as?, no es practicada sin por un n?mero muy reducido de personas, pues la forma normal es la singular. En un esfuerzo por combatirla, algunos juristas ?rabes se han esforzado en demostrar que, no obstante que el Cor?n parece autorizar la poligamia, la condiciona de tal modo que la hace pr?cticamente imposible para quien practique con honestidad y rigor los preceptos del Libro Santo.

La barbarie primitiva se manifestaba tambi?n en la forma del casamiento y en su r?gimen. Las mujeres se conquistaban por el rapto y la guerra; naturalmente se les aplicaba la ley del vencido. Se encontraban en una situaci?n similar a la esclavitud y su marido ten?a sobre ellas derecho de vida y muerte. Todas las tareas manuales pesaban sobre ellas; el hombre s?lo se ocupaba de la guerra y de la caza.

La compra de la mujer a sus padres signific? un progreso de la civilizaci?n, pues la fuerza se reemplaz? por la negociaci?n pac?fica. Pero no por ello mejor? sustancialmente la situaci?n de la mujer, que sigui? sometida a la voluntad omn?moda de su due?o.

En el Derecho Romano se conocieron tres formas de matrimonio: la conferreatio, ceremonia religiosa cumplida en presencia del flamens Dialis y diez testigos; la coemptio o compra, que al principio fue efectiva y luego meramente simb?lica; y el usus, que era la adquisici?n de la mujer por una suerte de prescripci?n: bastaba la posesi?n de ella por un a?o. En los primeros tiempos, la mujer se encontraba en una situaci?n de absoluta dependencia de la voluntad omn?moda de su marido; m?s tarde, dulcificadas las costumbres, se inici? un proceso de emancipaci?n que la corrupci?n de la ?poca convirti? en libertinaje. El divorcio por voluntad unilateral de cualquiera de los c?nyuges se hizo frecuent?simo; estall? la unidad y fuerza de la familia primitiva, la vida sexual se volvi? licenciosa.

49.? El cristianismo emprendi? entonces la tarea de dignificar al matrimonio. Ante todo, le dio car?cter sacramental; las consecuencias eran fundamentales, pues teniendo el v?nculo una naturaleza sagrada escapa a la voluntad de los esposos. En otras palabras, el matrimonio fue declarado indisoluble. Dignific? a la mujer, elev?ndola a la condici?n de compa?era y amiga y ordenando a los maridos guardarles fidelidad y amarlas como Cristo am? a la Iglesia" (Enc?clica Casti Connubi, 17). Y sent? el principio moralizador de que la celebraci?n del matrimonio requiere la libre voluntad de los contrayentes, con lo que combat?a no s?lo las formas b?rbaras de violencia y la compra, sino tambi?n las m?s evolucionadas pero no menos repudiables de los ?matrimonios por conveniencia? concertados por los padres o espaldas de los propios interesados.

Durante muchos siglos el matrimonio y la familia se estructuraron sobre las s?lidas bases sentadas por la Iglesia. M?s tarde, los factores de descomposici?n que hemos se?alado en otro lugar (n? 6) condujeron a un debilitamiento de la instituci?n; pero en todos los pueblos de civilizaci?n occidental la influencia de la moral cristiana sobre la concepci?n del matrimonio y sobre su r?gimen sigue siendo exclusiva.

50.? Los ?ltimos y m?s serios ataques contra la instituci?n del matrimonio, tal como se ha configurado bajo la influencia del cristianismo, han prevenido del comunismo ruso y del neopaganismo alem?n.

El r?gimen comunista estableci? el casamiento y el divorcio de hecho, es decir, el amor libre. ?El parentesco de hecho ?dec?a el art. 133, C?digo de Familia? est? reconocido como base de la familia?.

Muy desastrosas deben haber sido las consecuencias de esta brutal degradaci?n del matrimonio, cuando el propio r?gimen ha debido dar marcha atr?s. Primero exigi? la inscripci?n del matrimonio y del divorcio; m?s tarde se han establecido las nupcias formales y el divorcio declarado judicialmente. Finalmente, el Estado interviene activamente para evitar la disoluci?n de las uniones (v?ase n? 625).

El neopaganismo alem?n fue la filosof?a de un momento de soberbia y extrav?o. Adopta un panteismo evolucionista: Dios es el cosmos viviente, es el hombre y para que el hombre adquiera conciencia de s? mismo, es necesario desarrollar plenamente la personalidad humana y todas sus fuerzas vitales, destruyendo los prejuicios y los obst?culos que se opongan en ese camino; s?lo as? se formar? una raza fuerte capaz de dominar al mundo y de vencer sobre todos. El matrimonio cristiano que se concibe como un derecho natural al que tienen acceso tanto los sanos y fuertes como los deficientes, tiene que ser superado. El engendramiento debe ser el resultado de una cuidadosa selecci?n cient?fica; no interesa, pues, tanto la uni?n estable del matrimonio como la uni?n de las mejores madres y los mejores padres. Adem?s, la formaci?n de una raza superior exige una educaci?n altamente tecnificada, que s?lo puede estar en manos del organismo estatal; la familia pasa pues a segundo plano en el orden formativo del esp?ritu de los hijos.

Es necesario decir, sin embargo, que estas exageraciones de algunos te?ricos del nacionalsocialismo no llegaron a destruir a la familia alemana ni se tradujeron en una legislaci?n coherente. Empero, se dict? bajo su influencia la ley del 14 de julio de 1933 sobre esterilizaci?n de deficientes, la ley del 15 de septiembre de 1935 sobre la defensa de la sangre y del honor alemanes, la del 18 de octubre de 1935 sobre certificado prenupcial de que no se padec?a ninguna enfermedad contagiosa o hereditaria peligrosa o de trastorno mental, y la del 6 de julio de 1938 que prohibi? el matrimonio entre arios y jud?os.

La derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial y la consecuente derrota del hitlerismo pusieron t?rmino a esta nueva desviaci?n pagana.

51. NATURALEZA JUR?DICA: ?CONTRATO O INSTITUCI?N?? Una larga disputa se ha trabado en torno a la naturaleza jur?dica del matrimonio. La doctrina cl?sica ve?a en ?l un contrato, puesto que requiere el acuerdo de los c?nyuges. Este punto de vista fue defendido tenazmente desde dos campos opuestos y con prop?sitos muy distintos. Los canonistas lo sostuvieron para dignificar la uni?n del hombre y la mujer, superando los resabios de la coemptio y el usus romanos y para combatir los matrimonios de conveniencia, hechos por los padres sin consultar la voluntad de los hijos; el matrimonio deb?a, pues, fundarse en el amor y en la libre decisi?n de los interesados. Los juristas liberales de la Revoluci?n Francesa vieron en esta idea un apoyo para el divorcio, pues trat?ndose de un contrato, las partes podr?an dejarlo sin efecto de com?n acuerdo.

Pero, desde hace algunos a?os; esta concepci?n est? sufriendo insistentes ataques. Un contrato es una declaraci?n de voluntad com?n destinada a reglar los derechos de las partes (art. 1137 , C. Civil); en el acto del matrimonio, en cambio, los c?nyuges no hacen otra cosa que prestar su consentimiento, pero todos los derechos est?n fijados por la ley y las partes no pueden apartarse de estas prescripciones de orden p?blico. La propia voluntad de las partes no tiene aqu? la misma potencia generadora que en los contratos, pues no basta como en ?stos con la simple declaraci?n de los contrayentes, sino que es necesaria la intervenci?n de un oficial p?blico que los declare unidos en matrimonio. Y no se crea que la intervenci?n del oficial p?blico es similar a la de un escribano ante quien pasa un contrato cualquiera, pues ?ste no hace m?s que dar la fe de la realizaci?n del acto, mientras aqu?l lo integra con su actuaci?n. Por ello, Cicu ha podido decir ?exagerando a nuestro entender la apreciaci?n de los hechos? que la voluntad de las partes no tiene fuerza constitutiva del estado de familia.

Adem?s, es indudablemente falso concebir al matrimonio nada m?s que como un v?nculo jur?dico: obedece a profundos institutos humanos, est? impregnado de ideas morales y religiosas; tiene, dice Carbonnier, una inmanencia y una trascendencia, aspectos humanos y otros que la humanidad no explica, es una m?lange, un encuentro de la tierra y el cielo.

El matrimonio se propone fundar una familia, crear una comunidad plena de vida, concebir hijos, educarlos; es un elemento vital de la sociedad; es, en fin, una instituci?n.

52.? Josserand, apegado a?n, como algunos otros juristas contempor?neos, a las ideas cl?sicas, afirma que la teor?a de la instituci?n proviene de la concepci?n un tanto estrecha que algunos autores se forman del contrato; sostiene que debe entenderse por ese nombre toda uni?n de dos o m?s voluntades con ?nimo de crear derechos y que dentro de ese concepto encaja perfectamente el matrimonio. Pero es evidente que nadie se casa con ?nimo de crearse derechos, sino por amor. El matrimonio no es un acto de especulaci?n, de c?lculo, sino de entrega. La fineza del lenguaje jur?dico exige encontrar nombres distintos para designar actos tan dispares como la compra de un paquete de cigarrillos y el matrimonio, un pr?stamo en dinero y una asociaci?n.

Renard ha puesto de relieve las notas diferenciales entre contrato e instituci?n: a) El contrato es una especulaci?n; vendedor, procura el precio m?s alto; comprador, procura el m?s bajo. La instituci?n es un consortium en el que todos los intereses son coincidentes. b) La igualdad es la ley del contrato; por el contrario, quien dice consortium dice organizaci?n y disciplina; la jerarqu?a es pues la ley de la instituci?n. c) El contrato es una mera relaci?n y, en consecuencia, s?lo produce efectos entre las partes; la instituci?n es una entidad y, por ello, se impone tanto a las partes como a terceros. d) El contrato es una relaci?n exterior a los contratantes, un lazo de obligaci?n, vinculum iuris; la relaci?n institucional es una interiorizaci?n. e) El contrato no es m?s que una tregua en la batalla de los derechos individuales; la instituci?n es un cuero cuyo destino es ser compartido por sus miembros; en otras palabras, el contrato es un producto de la concurrencia; la instituci?n es un producto de la comunicaci?n. f) El contrato es precario, se desata como se ha formado y toda obligaci?n est? destinada a extinguirse con el pago; la instituci?n est? hecha para durar, para perpetuarse, desaf?a a la muerte. g) El contrato es r?gido, est?tico; la instituci?n se adapta. h) El contrato es una relaci?n subjetiva de persona a persona; las relaciones institucionales son objetivas y estatutarias.

53.? Despu?s de este an?lisis, resulta indudable que el matrimonio es una instituci?n, no un contrato. Ya lo vio muy claramente nuestro V?lez Sarsfield, quien en la nota al t?tulo del matrimonio dice que no es posible aplicar al matrimonio los principios que rigen los contratos, pues no podr?a hac?rselo sin descender a las condiciones de una estipulaci?n cualquiera; agrega que hay que considerarlo ?como una instituci?n social fundada en el consentimiento de las partes; y entonces las peculiaridades de su naturaleza, su car?cter y la extensi?n de las obligaciones, tan diferentes de las de los contratos, pod?an corresponder al fin de su instituci?n?.

En cambio, los autores de la ley de matrimonio civil hablaron con insistencia de contrato, con lo que no se hace sino seguir la terminolog?a can?nica y la de los juristas liberales del siglo XIX, si bien el r?gimen creado por la ley responde al concepto institucional.

54. MATRIMONIOS ?POST-MORTEM?.? Una de las manifestaciones legislativas m?s parad?jicas de los ?ltimos a?os es la aparici?n de los llamados matrimonios post-mortem. La idea surgi? en Alemania, durante la ?ltima guerra mundial. El 15 de junio de 1943, el entonces ministro del Interior, Himmler, pas? una ?circular confidencial? al Registro Civil autoriz?ndolo a celebrar matrimonios entre mujeres alemanas y miembros del Ej?rcito alem?n fallecidos en el frente, siempre que estuviese probado que los soldados hab?an tenido intenci?n de contraer matrimonio con la mujer que formulaba la petici?n y que no hab?an cambiado de parecer antes de su muerte; estos requisitos deb?an considerarse probados con un criterio amplio en los casos en que existiera o se esperara un hijo. El r?gimen ces? con la derrota; pero los llamados ?matrimonios de Himmler? fueron numerosos.

Aunque la idea hab?a suscitado graves cr?ticas, que retomada a?os despu?s en Francia. En diciembre de 1959, se produjo en el departamento del Var la ruptura del dique de Malpasset, que origin? numerosas muertes. Con tal motivo, se dict? la ley del 31 de diciembre de dicho a?o, por la cual se dispuso que el presidente de la Rep?blica puede, por motivos graves, autorizar la celebraci?n del matrimonio si uno de los esposos ha muerto despu?s del cumplimiento de formalidades oficiales que marquen inequ?vocamente su consentimiento; los efectos del casamiento se remontan a la fecha del deceso, pero el matrimonio no da derecho a la sucesi?n ab intestato en favor del esposo sobreviviente. Se comprende que los motivos graves a que se refiere la ley son, precisamente, la existencia de hijos nacidos y de concebidos, cuya situaci?n se desea regularizar, reconoci?ndoles la condici?n de hijos leg?timos, con todos los derechos consiguientes, inclusive los hereditarios. Aunque el prop?sito es simp?tico, el medio escogido es inadmisible. La celebraci?n del matrimonio con un muerto es una verdadera aberraci?n, s?lo concebible en sociedades que atribuyen mayor valor a las apariencias que a la verdad.





? 2.? Matrimonio religioso y matrimonio civil

55. EL PROBLEMA.? Hemos dicho ya que el matrimonio no es una instituci?n exclusivamente civil, sino que est? gobernado tambi?n por principios morales y religiosos, por lo mismo que posee una inmanencia tan radicalmente humana.

No es extra?o, por tanto, que todas las religiones hayan pretendido siempre influir sobre su r?gimen. Nos interesa aqu?, por la trascendencia que ha tenido sobre todos los pa?ses de civilizaci?n occidental, estudiar la influencia de la Iglesia Cat?lica.

En un comienzo, la acci?n de la Iglesia se enderez? solamente a moralizar el matrimonio desde el punto de vista religioso. Operaba sobre las conciencias y las costumbres. Pero, a medida que se fue desenvolviendo el Derecho can?nico y, sobre todo, a medida que aumentaba el poder espiritual y pol?tico de la Santa Sede, comenz? a atribuirse competencia legislativa y jurisdiccional. Las primeras medidas datan del siglo IX; paulatinamente fue aumentando su injerencia hasta que, finalmente, el Concilio de Trento (1563) afirm? definitivamente su competencia. El matrimonio fue elevado a la categor?a de sacramento; por tanto, el poder civil carec?a de facultades para legislarlo. No solamente la celebraci?n y el r?gimen jur?dico eran fijados por el Derecho can?nico, sino que las causas judiciales que le ata??an ca?an bajo la jurisdicci?n de los tribunales eclesi?sticos.

Mientras el mundo cristiano mantuvo su unidad, la potestad de la Iglesia sobre todo el r?gimen del matrimonio imper? sin oposiciones. Es en la Reforma donde debe buscarse el primer antecedente del retorno al matrimonio civil. Calvino y Lutero negaron al casamiento el car?cter de sacramento y sostuvieron la competencia de la autoridad civil. Pero fue la Revoluci?n Francesa la que dio el paso decisivo, legislando sobre el matrimonio como un contrato enteramente civil y ajeno en su celebraci?n y consecuencia de la religi?n.

La Iglesia reaccion? en?rgicamente contra la laicizaci?n del matrimonio, pero su postura es hoy menos intransigente. No niega ya el derecho del Estado de intervenir en su regulaci?n jur?dica; reconoce su inter?s en llevar registros de estado civil; y, por tanto, de asentar en sus libros los matrimonios; finalmente, ha admitido en el Concordato de Letr?n suscripto con el gobierno italiano, la legitimidad de la intervenci?n de los tribunales civiles en todas las causas originadas en matrimonios cat?licos, inclusive las relativas a la separaci?n de cuerpos, siempre que no est? en juicio la validez del v?nculo. El papa P?o IX resum?a as? la posici?n de la Iglesia en esta materia: ?No hay m?s que un medio de conciliaci?n: que C?sar guarde lo que es de su resorte y la Iglesia lo que le pertenece. Que el poder civil disponga efectos civiles, pero que deje a la Iglesia el poder de regular la validez entre cristianos. Que la ley civil tome como punto de partida la validez o invalidez del matrimonio, seg?n lo que la Iglesia haya decidido y partiendo de este hecho (que est? fuera de su esfera producirlo) disponga entonces sus efectos civiles?.

56. DIVERSOS SISTEMAS LEGISLATIVOS.? ?C?mo se ha resuelto en la legislaci?n contempor?nea el problema del matrimonio religioso y sus efectos civiles? Los principales sistemas son los siguientes:

a) Matrimonio religioso y matrimonio civil completamente separados; s?lo ?ste produce efectos legales. Es el sistema imperante en nuestro pa?s y en casi toda Latinoam?rica, en Francia, B?lgica y Alemania. No obstante la ninguna validez legal del casamiento religioso, en todos estos pa?ses se ha mantenido la costumbre muy generalizada de celebrarlo simult?neamente o sucesivamente con la ceremonia civil.

b) El matrimonio religioso tiene plenos efectos civiles; en otras palabras, la ceremonia puede realizarse ante el ministro de culto o ante el oficial p?blico, pero el r?gimen jur?dico est? fijado exclusivamente por la ley civil. Siguen este r?gimen Brasil, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Noruega y Dinamarca.

c) El matrimonio puede contraerse por la ley o por la Iglesia, a opci?n de los interesados; pero, celebrado ante la Iglesia, cae bajo el r?gimen del Derecho can?nico. El p?rroco tiene la obligaci?n de comunicar al Registro Civil los matrimonios que hubiere celebrado, a los efectos de su inscripci?n. No obstante estar regido por el Derecho can?nico, la jurisdicci?n judicial pertenece a los tribunales civiles, salvo en lo referente a la validez o nulidad del v?nculo, que es de competencia de los tribunales eclesi?sticos. Es el r?gimen de Italia, Portugal y la Rep?blica Dominicana.

57. ANTECEDENTES PATRIOS.? En la ?poca de la conquista de Am?rica, Espa?a era el campe?n de la Iglesia Cat?lica en su lucha contra los infieles y herejes. Como toda lucha, ?sta tambi?n condujo a intransigencias y exageraciones. La ?nica uni?n leg?tima era la aceptada por la Iglesia; bajo pena de nulidad estaban prohibidos los casamientos con heterodoxos (Part. IV, T?t. 2, ley 15).

En Am?rica estas leyes se aplicaron con todo rigor, lo que no dio lugar a mayores dificultades mientras se ved? la entrada de los no cat?licos.

Pero, desde el principio de nuestra vida independiente, qued? de manifiesto la injusticia del sistema. Los extranjeros que no pertenec?an a la religi?n oficial deb?an vivir en concubinato. Los primeros gobiernos patrios dictaron algunas t?midas medidas que tend?an a darle alguna elasticidad a la regulaci?n del matrimonio. En enero de 1824 se dict? un decreto en la provincia de Buenos Aires sometiendo a la jurisdicci?n ordinaria ?el conocimiento de toda las incidencias resultantes en los matrimonios o de las alteraciones de los contratos de ellos?; una ley de la misma provincia del 25 de marzo de 1833 autoriz? el casamiento entre cat?licos y disidentes, lo que s? estaba permitido por las leyes can?nicas era prohibido por las espa?olas. Y m?s importante que estos decretos fue el Tratado con Inglaterra de 1829, que reconoc?a a los s?bditos brit?nicos una ?perfecta e ilimitada libertad de conciencia y del ejercicio de su religi?n p?blica o privadamente?, lo que significaba la posibilidad de contraer matrimonio por su Iglesia.

A esto se reduce la legislaci?n patria sobre la materia, hasta la sanci?n del C?digo Civil. El r?gimen can?nico del matrimonio mantuvo, pues, todo su imperio. En realidad, las costumbres, el esp?ritu religioso del pueblo, se opon?an a cualquier otro r?gimen. Pero la generaci?n liberal que entr? a gobernar el pa?s despu?s de Caseros comenz? a propugnar el casamiento civil. Oro?o, gobernador de la provincia de Santa Fe, consigui? en 1867 que la Legislatura lo estableciera. La conmoci?n popular fue intensa, el obispo excomulg? al gobernador y a los legisladores; y la agitaci?n lleg? a tal extremo que el mandatario debi? abandonar el poder, la Legislatura fue disuelta y reemplazada por otra que aboli? inmediatamente el matrimonio civil. Cuando V?lez proyect? en aquellos d?as su C?digo, no pod?a insistir en el grueso error de los gobernantes santafesinos. Estableci?, pues, que el matrimonio entre personas cat?licas deb?a celebrarse seg?n los c?nones y solemnidades prescriptos por la Iglesia Cat?lica (art. 167 ); en la misma forma deb?an celebrarse los matrimonios entre cat?licos y cristianos disidentes (art. 180 ). Pero se reconoc?a la validez civil de los matrimonios entre disidentes y no cristianos, si fuesen celebrados de conformidad a las leyes del C?digo seg?n las leyes y ritos de la Iglesia a que los contrayentes pertenecieran (art. 183 ).

Sin embargo, no hab?an transcurrido veinte a?os de la vigencia del C?digo, cuando fue dictada la ley 2393 <>, que implant? el matrimonio civil. El lapso fue breve pero denso. Un gran caudal inmigratorio afluy? hacia el pa?s; estas masas, aunque cat?licas en su mayor?a, no ten?an la extrema sensibilidad religiosa de a poblaci?n hisp?nica; adem?s, el liberalismo extendi? paulatinamente su influencia en todo el mundo. No es de extra?ar, por tanto, que la soluci?n que no fue posible en 1869 lo fuera en 1888.

58.? Es necesario decir que nuestro sistema legal ha funcionado sin mayores inconvenientes y ha permitido una c?moda convivencia del Estado y la Iglesia. Los creyentes siguen celebrando el matrimonio religioso independientemente del civil, cumpliendo as? sus deberes de conciencia y elevando su uni?n a la jerarqu?a de sacramento. No queremos decir con ello que merezca aprobarse el sistema de nuestra ley, que s?lo reconoce validez legal al matrimonio civil. Las regulaciones legales no deben ser contrarias a principios morales y religiosos firme y universalmente vividos por la comunidad. Y la instituci?n del matrimonio civil como ?nica instituci?n v?lida en pueblos de vivencias religiosas choca con la realidad social. Esto ha tra?do algunos problemas, excepcionales por cierto, pero no por ello menos dignos de consideraci?n. As?, por ejemplo, quien ha contra?do s?lo matrimonio religioso, ?puede aspirar al beneficio de pensi?n acordado por las leyes a las viudas? La Corte Suprema resolvi? con se?alado acierto el problema, declarando que, si bien la actora no pod?a considerarse viuda en t?rminos estrictos, las leyes de previsi?n social deben interpretarse con gran laxitud para impedir el abandono en la ancianidad de personas que se encuentran en estas condiciones. En cambio, no hizo lugar al pedido de reconocimiento del derecho de pensi?n en el caso de una persona que, sin disolver el matrimonio anterior, hab?a contra?do uno nuevo seg?n el rito jud?o. La diferencia se justifica porque no hubiera podido hacerse lugar a la demanda sin desmedro del principio de la indisolubilidad del primer v?nculo.

ARTICULO TOMADO DEL TRATADO DE DERECHO CIVIL ARGENTINO DE GUILLERMO BORDAS.

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Publicado por ELMAGOAZ @ 3:56 AM  | DERECHO CIVIL
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